para amarle como quisiera
tendria que:

















abrir el armario empolvado de los trajes domingueros
agarrar con las dos manos esa plancha chaquetera
y coserle sin dedales los botones más usados

remendar las posaderas de los codos pensadores
y ajustar a mi medida las jaretas que lo abrazan
suavizando las arrugas por haberlo maldoblado
y colgarlo tras la puerta que respire pal trabajo