PARTIDAS DE AJEDREZ

Espirales concéntricas arropan las
horas que guardo como un ave de
carroña guarda sus legados.
Bajo cortinas de agua miras
una imagen que turba,
verde, muy intensa...
El rabo de lagartija que coletea como un infante,
que salta y juega con el conejo cuyo reloj quedo
parado, mutado, ambiguamente trabaja.
Da horas matéricas cargadas de hierro y plomo,
que sedimentan en alguna parte del fondo de esta, la
llanura a oscuras, en la que viví con
peces luciérnaga, aves ciegas y elefantes de cristal
vacío.

En alguna parte de esto quedó un instante congelado,
que no craquela,
sino más bien se reproduce,
cual bacteria que nada en la leche.

A veces susurras como quien habla a las flores, cientos,
miles, millones de flores, ...
ellas se mecen en el aire, y se agarran a
las formas voluptuosas que describen tus ondas vocales,
ajenamente próximas a mi ser.

Por un instante, solo por un instante se unieron
en algun resquicio de eso que llaman tiempo
las pupilas cilíndricas que me hicieron
ver tus posos occipitales.





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